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Epidemiología del padecimiento
El dolor es una experiencia emocional y sensorial desagradable relacionada con una lesión o manifestada como si ésta existiera, siendo el síntoma más frecuente por el que consultan los pacientes a los médicos, generalmente el dolor es ocasionado por una causa interior o exterior. Sin embargo, el dolor también puede deberse a un sentimiento de pena o de congoja, por lo cual no siempre es el reflejo de una patología interna relacionada a la alteración de algún órgano.
Entre los dolores más comunes están los originados por estrés y que se presentan en la cabeza, en la parte alta y baja de la espalda y en las articulaciones. La causa más común es el estrés físico y fisiológico. Cuando una persona experimenta cualquier tipo de dolor se produce angustia, por lo que está comprobado que el dolor es la causa número uno por la cual un paciente recurre a una consulta médica, además de ser el motivo más importante de ausencias laborales.
Los dolores más comunes son la lumbalgia en los hombres y el cólico menstrual de las mujeres, que representan pérdidas económicas sin contar las pensiones por invalidez, involucrando al paciente en una amplía gama de trastornos emocionales, físicos, familiares y sociales.
La presencia de dolor es frecuente en el adulto mayor. Diferentes estudios reportan cifras de prevalencia que van desde 25 hasta 88% en sujetos mayores de 65 años, lo cual es aproximadamente el doble que en pacientes más jóvenes. La prevalencia aumenta conforme avanza la edad; es mayor en las mujeres y en aquéllos con baja escolaridad.
Se ha encontrado una asociación importante entre dolor y algunas de las enfermedades más frecuentes en el adulto mayor, como son las enfermedades articulares, la cardiopatía isquémica, el cáncer, las neuropatías, y las fracturas. También se ha encontrado que el dolor se asocia con la presencia de otras condiciones frecuentes durante el envejecimiento, como son el deterioro cognoscitivo, los trastornos del sueño, la disminución en la funcionalidad, la baja socialización, la depresión y el “deseo de muerte”.
Historia Natural de la Enfermedad
La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP, por sus siglas en inglés, International Association for the Study of Painde la) define el dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable relacionada con daño potencial o real a un tejido o descrita en términos de dicho daño. Si se considera su duración, el dolor se puede clasificar en agudo o crónico.
Cada individuo tiene una forma subjetiva de experimentar el dolor de acuerdo con diversos aspectos biológicos, funcionales y neurológicos, que varían respecto de las experiencias dolorosas previas, sexo, personalidad, nivel sociocultural, creencias y estados emocionales. Esto se debe a que el dolor es una experiencia multifactorial con posibilidad de diferenciar sus componentes neurofuncionales en las áreas psicológica, afectiva, social, cultural y espiritual del individuo.
Signos y Síntomas de la enfermedad
Miles de personas en el mundo experimentan cierto tipo de dolor recurrente o persistente alguna vez en su vida, a menudo este síntoma es resistente a tratamientos y terapias por lo que su atención dependerá de la eficiente detección, clasificación y localización del tipo de dolor que se desarrolle.
Especialistas en el tema del dolor, han señalado que la clave para controlar el dolor y restaurar la función consiste en comprender el carácter multidimensional que los síndromes dolorosos conllevan: Origen, evolución y mecanismo. Con esta forma se pretende obtener el tratamiento correcto que controle las molestias y lleve la relación médico-paciente a la búsqueda de soluciones.
Localización del dolor
Cuando son varios los sitios del dolor es importante jerarquizarlos en el orden de importancia que tiene para la persona, aun cuando ese orden no guarde relación con el diagnóstico o pronóstico. Esta orientación hace posible precisar la gravedad de la evolución en forma dinámica y descubrir síntomas adjuntos.
Intensidad del dolor
En la identificación de la cantidad o magnitud del dolor y sus modificaciones es preciso reconocer: Cuánto dolor se siente ahora, cómo se califica, cuál es el origen o la causa que lo desencadena, qué medidas lo alivian, cuáles lo empeoran y qué tratamiento es efectivo para resolverlo.
Clasificación del dolor por su origen
Dolor oncológico. El dolor del paciente oncológico es un dolor complejo, en él se contemplan aspectos físicos, psicológicos, sociales, espirituales y económicos.
El tratamiento del dolor en los pacientes oncológicos debe ser multidisciplinario, por eso tiene especial importancia que los diferentes médicos que participan en él, estén familiarizados con su valoración y tratamiento. El paciente oncológico puede presentar dolor agudo, pero es el dolor crónico el que habitualmente se asocia a la enfermedad.
Dolor no oncológico. El dolor no oncológico se puede agrupar en cuatro categorías:
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Dolor de origen primario músculo-esquelético: Artritis y periartritis, síndromes de dolor lumbar, síndromes miofasciales.
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Dolor de origen primario neuropático: Neuropatías periféricas (mono y polineuropatías), causalgia y otras distrofias simpáticas reflejas, dolor fantasma.
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Dolor de origen psicológico.
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Otros orígenes: dolor de origen cutáneo, vascular, etcétera.
Por su evolución
Dolor agudo. El dolor agudo se describe como una desagradable y compleja constelación de experiencias sensoriales, perceptivas y emocionales, relacionadas con reacciones autónomas producidas por daño a estructuras somáticas o viscerales. La gente suele recuperarse de un dolor agudo en un periodo razonablemente limitado. Se puede experimentar ansiedad o miedo al inicio del dolor, pero éste debe disminuir en el momento en que se identifica el problema, se comienza el tratamiento y se lleva a cabo la recuperación.
Algunos ejemplos de dolor agudo: Apendicitis, dolores de parto y reacción ante el hierro ardiendo (candente).
Dolor crónico. El dolor crónico es aquel que perdura durante el curso natural de un daño agudo, secundario a procesos o afecciones duraderas, intermitentes o repetitivas, y expresado en un lapso mayor de tres semanas o incluso meses. Se caracteriza por tener un origen conocido y mejora casi siempre con el tratamiento específico. Este tipo de dolor aparece cuando el propio mecanismo de dolor no funciona o cuando ciertos trastornos asociados al dolor se convierten en crónicos por razones desconocidas. Como consecuencia el dolor se hace persistente y el propio síntoma se convierte en trastorno.
Ejemplos de problemas asociados al dolor crónico: Cistitis intersticial, dolor de espalda o cuello, neuropatía diabética.
Una variación del dolor crónico sería el dolor crónico intermitente. Se trata de periodos en los que no hay dolor, alternados con semanas o meses con la presencia de un dolor diario intenso. Como ejemplos de este dolor intermitente se podrían incluir las migrañas, la artritis reumatoide y el síndrome de colon irritable.
Por su mecanismo
Dolor somático. Es aquel dolor que aparece cuando un estímulo potencialmente dañino para la integridad física excita los receptores nociceptivos. Estrictamente, debiera incluir el dolor originado en cualquier parte del cuerpo que no sean nervios o sistema nervioso central, sin embargo frecuentemente se habla de dolor somático y esto es así cuando los receptores están en la piel, músculos o articulaciones, y de dolor visceral cuando los receptores activados por el estímulo están en una víscera.
Dolor neuropático. Es el que resulta de lesiones o alteraciones crónicas en vías nerviosas periféricas o centrales. Puede desarrollarse y persistir en ausencia de un estímulo nocivo evidente. El paciente frecuentemente usa términos poco usuales para describirlo, por ser una experiencia nueva. Los síntomas pueden ser focales o más generalizados.
Dolor psicogénico. Este tipo de dolor ocurre cuando el paciente describe problemas psicológicos como ansiedad o depresión en términos de daño tisular, verbalmente o a través de su comportamiento, si bien el daño puede o pudo existir, el problema central es la amplificación y distorsión de esos impulsos periféricos por el estado psicológico.
Tratamiento Farmacológico y no farmacológico
La intensidad del dolor esta asociada a la severidad de la causa. No es recomendable que el paciente intente tratar el dolor por sí mismo a menos que éste sea leve y bien reconocido (dolor de estómago, de cabeza, por algún golpe o dolor menstrual), además de ser de suma importancia que aprenda a utilizar con seguridad los medicamentos analgésicos. Existe gran diversidad de analgésicos en el mercado que son eficaces contra algún tipo de dolor (leve a moderado), sin riesgos. Este tipo de medicamentos interrumpen la producción de ciertas sustancias del sistema nervioso que transmiten señales de dolor.
Los tratamientos actuales contra el dolor combinan dos o más terapéuticas. A los conocidos medicamentos analgésicos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se pueden agregar métodos y procedimientos físico-psíquicos de gran utilidad, ejemplo: Ejercicios terapéuticos y masajes, acupuntura e hipnosis, electroestimulación y electropuntura, diatermia de onda corta, ultravioleta e infrarrojo, crioterapia, magnetoterapia y láser-terapia, ultrasonido, soporte psicoafectivo individual y familiar.
El tratamiento deberá de ser aplicado de forma individual, sin embargo se dan algunas generalidades como el caso del dolor agudo, que presenta una enfermedad de base que en la mayoría de los casos tiene solución definitiva (quirúrgica), ejemplo, una úlcera perforada o la apendicitis. En estos casos el dolor desaparece después de unos días de recuperación.
En cuanto al dolor no quirúrgico, que también puede ser agudo, no es necesaria la intervención quirúrgica: la cefalea (dolor de cabeza) o un traumatismo (golpe), donde el tratamiento dependerá de la intensidad del dolor. Existen también otros tipos de dolores de difícil tratamiento como los de origen oncológico (cáncer) o crónicos (osteoporosis), por lo que es indispensable que se acuda con el médico frecuentemente para evitar padecimientos que puedan ocasionar algún tipo dolor.
El tratamiento del dolor deberá de cubrir los siguientes objetivos:
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Disminuir el dolor
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Aliviar la ansiedad y la depresión
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Eliminar la etiología (causas que originan el dolor)
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Promover la sensación de bienestar
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Aumentar la sensación de control personal
En el caso del dolor agudo existen diversas intervenciones que generalmente van acompañadas de diferentes tratamientos para su control, aunque la mayoría de este tipo de dolores ceden con la farmacoterapia.
Fuentes que pueden ser consultadas para obtener más información
Para mayor información puede consultar a las siguientes páginas.
www.iasp-pain.org
www.grunenthal.es
http://escuela.med.puc.cl
www.medlineplus.gov
www.nlm.nih.gov
Es importante que recuerde que no existe sustituto para el consejo que su médico puede darle, ya que él conoce su historial y lo ha examinado en persona. El servicio e información que aquí presentamos pretende complementar información y ayudarle a comprender algunas implicaciones de esta enfermedad. No tome decisiones en su tratamiento sin consultarlo antes con su especialista.
AstraZeneca México, 2008.