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Epidemiología del padecimiento
Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 (ENSANUT), México es el segundo país a nivel mundial, sólo después de Estados Unidos, con mayores índices de sobrepeso y obesidad. Las cifras indican que 72 de cada 100 mujeres mayores de 20 años tiene sobrepeso y 67 de cada 100 hombres en el mismo rango de edad, también. En general, se estima que el 70% de la población adulta mexicana mayor de 20 años padece esta enfermedad.
En tanto, la obesidad infantil también se ha convertido en un grave problema de salud pública en nuestro país. Datos del Centro de Investigación en Nutrición y Salud (CINyS), señalan que alrededor del 26% de niños mexicanos entre cinco y 11 años padecen sobrepeso y obesidad, lo que indica que la epidemia ha crecido 33% en los últimos seis años, y esto quiere decir que la tasa de menores con obesidad se duplicó del 20 al 40%.
Historia Natural de la Enfermedad
La obesidad es una enfermedad que se caracteriza por el exceso de tejido adiposo en el organismo. Este padecimiento puede ser sintomático o idiomático. Cuando es sintomático, se divide en exógeno (por sobrealimentación) y endógeno (por enfermedades metabólicas). En tanto, es idiomático porque está influido por factores hereditarios o psicológicos. Veamos cada uno de ellos:
La sobrealimentación: surge cuando se ingieren más carbohidratos y grasas de lo que el organismo necesita y cuando se consume menos energía al realizar poca actividad física, lo que provoca que se vaya acumulando la grasa.
Enfermedades metabólicas: existe la creencia de que los factores metabólicos influyen en la obesidad; sin embargo, estudios realizados no demuestran si son causa o consecuencia de la misma. De cualquier forma, la diabetes, el colesterol, la hipertensión y el hipotiroidismo son ejemplos de enfermedades que están estrechamente relacionadas con este padecimiento, por lo que es importante cuidar la salud para no sufrir alguna de éstas.
Factores hereditarios: está ampliamente demostrado que existe una predisposición familiar en el desarrollo de la obesidad. Hay un componente genético en la cantidad de grasa subcutánea, en la distribución de la grasa, en la densidad corporal y en la masa corporal que se transmite de padres a hijos.
Factores psicológicos: este aspecto es muy importante, ya que recurrimos a los alimentos cuando estamos presionados, tristes, contentos, aburridos, etc., lo que implica una sobrecarga de comida chatarra, la mayoría de las veces, y por lo tanto un aumento de peso.
Otros factores: existen diversos factores que también influyen para tener sobrepeso y obesidad. Ejemplo de esto es el sexo, ya que las mujeres son más propensas a engordar, gracias a que tienen mayor proporción de tejido adiposo en su cuerpo (25%), en comparación con el de los hombres (15%).
También es importante tomar en cuenta los factores sociales, puesto que comemos muchas veces por compromiso: en celebraciones, en cierres de contratos, etc., lo que hace que comamos sin sentir hambre.
Asimismo, existen algunos medicamentos, como la cortisona, que han demostrado un aumento de grasa y una ganancia de peso, originando obesidad.
Signos y Síntomas de la enfermedad
La grasa en exceso se distribuye por nuestro organismo de acuerdo a dos patrones fundamentales: el patrón androide o en manzana, que es la acumulación de grasa en la parte central del cuerpo, sobre todo en el vientre, más frecuente en los hombres; y el patrón ginoide o en pera, que se caracteriza por la acumulación de grasa en la parte inferior del cuerpo, en muslos y caderas, más frecuente en mujeres.
Hoy se define el exceso de peso mediante el llamado Índice de Masa Corporal (IMC) que se obtiene dividiendo el peso en kilogramos por la talla expresada en metros, elevada al cuadrado. Se consideran valores normales de IMC los inferiores a 25; cifras hasta 29 indican la existencia de un sobrepeso y valores a partir de 30 se diagnostican de obesidad. El grado de obesidad androide se valora a través de la medida del perímetro de la cintura, lo que se puede hacer mediante una cinta métrica, situándola un centímetro por debajo del borde de las costillas. Se consideran valores normales hasta 102 cm en el hombre y hasta 88 cm en la mujer. Por encima de estos límites, se diagnostica sobrepeso androide en uno u otro género, respectivamente.
Los síntomas que produce la obesidad se derivan del propio aumento del peso corporal y de las consecuencias y complicaciones a que puede dar lugar. El cansancio y la dificultad para el desarrollo de tareas cotidianas son limitaciones frecuentes inducidas por la obesidad. Además, puede dar lugar a complicaciones metabólicas como la diabetes mellitus, aumento de triglicéridos, colesterol y ácido úrico, lo que favorece las crisis de gota.
También disminuye la tolerancia al esfuerzo, promociona la aparición de hipertensión arterial y supone un factor de riesgo vascular para el desarrollo de insuficiencia coronaria y de accidentes cerebrovasculares.
Cuando el exceso de peso es muy importante puede ser responsable de que se origine un síndrome de apnea del sueño, que consiste en detenciones de la respiración durante el sueño y que reduce el nivel de oxígeno de la sangre, con el consiguiente sufrimiento de los tejidos del organismo. Las complicaciones articulares, especialmente en caderas y rodillas, limitan la actividad física. Todas las complicaciones son responsables de la reducción en la expectativa de vida que acompaña a la obesidad.
Tratamiento Farmacológico y no farmacológico
Los pilares de sostén del tratamiento son una alimentación hipocalórica baja en grasas, un programa de actividad física permanente y el uso de fármacos.
Estas son algunas recomendaciones para lograr un peso saludable:
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Primero que nada, hay que escuchar al cuerpo. Esto quiere decir no comer si no se tiene hambre: en cambio, es recomendable beber algún jugo o un vaso de agua, o consumir una fruta o una ensalada. Asimismo, es importante no pasar hambre si es que se tiene apetito.
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Beber de 8 a 12 vasos de agua, pues esto ayudará a limpiar el hígado, los riñones y a perder peso. Sin embargo, no deben ingerirse demasiados líquidos durante las comidas.
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Realizar ejercicio de forma regular. Lo recomendable son 30 minutos de actividad física al día.
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Consumir abundante fibra vegetal.
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Evitar los alimentos con muchas calorías.
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Reducir las grasas saturadas.
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Reducir los azúcares refinados.
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Moderar la ingesta de sal en los alimentos.
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Evitar o moderar el consumo de alcohol.
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No fumar.
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Combatir el estrés.
Finalmente, cuando medidas como las dietas, los medicamentos y el ejercicio físico no logran que se pierda peso de manera significativa, se puede recurrir al tratamiento quirúrgico. Sin embargo, hay que tomar en cuenta que la cirugía destinada a modificar el tránsito intestinal es una medida para casos muy especiales con obesidad severa y fracasos del tratamiento convencional.
Actualmente, se prefieren las intervenciones sobre el estómago, utilizándose principalmente dos procedimientos: el primero consiste en la simple reducción del tamaño del estómago, provocando de esta manera que la persona coma menos; y el segundo combina la reducción del tamaño gástrico, con una disminución de la absorción de los alimentos.
Fuentes que pueden ser consultadas para obtener más información
Para mayor información puede consultar las siguientes páginas:
www.ponlecorazon.com
www.ejournal.unam.mx
www.nlm.nih.gov
www.consumer.es
Es importante que recuerde que no existe sustituto para el consejo que su médico puede darle, ya que él conoce su historial y se ha examinado en persona. El servicio e información que aquí presentamos pretende complementar información y ayudarle a comprender algunas implicaciones de esta enfermedad. No tome decisiones en su tratamiento sin consultarlo antes con su especialista.
AstraZeneca México, 2008.